viernes, octubre 16 2026

¿Qué puede enseñar Brasil a sus vecinos sobre la regulación del iGaming?

Artículo de opinión 

Thiago Iusim, fundador y CEO de Betshield Responsible Gaming, analiza las lecciones del mercado brasileño y sostiene que una regulación moderna debe ir acompañada de protección efectiva al jugador, fiscalización y confianza social.

Brasil inició oficialmente su mercado regulado de apuestas el 1 de enero de 2025 con un marco normativo inspirado en buenas prácticas internacionales. La regulación incorporó requisitos de autorización, controles técnicos, identificación de clientes, prevención del lavado de dinero, reglas publicitarias, transmisión de datos al regulador y obligaciones específicas de Juego Responsable.

Sin embargo, contar con una regulación moderna no garantiza, por sí solo, que la protección al consumidor y la legitimidad social avancen al mismo ritmo.

En septiembre de 2026, el Gobierno Federal publicó una Medida Provisional que, según el autor, prohibía la explotación, oferta, intermediación y publicidad de las apuestas de cuota fija. El alcance y el futuro de esta decisión son parte del contexto político y regulatorio que rodea al mercado brasileño.

Para Thiago Iusim, esta experiencia plantea una pregunta relevante para Perú y el resto de América Latina: ¿qué podría haber hecho Brasil de manera diferente?

1. Una licencia regulatoria no garantiza legitimidad social

Cuando los operadores autorizados comenzaron a funcionar en enero de 2025, obtuvieron permiso para operar dentro del marco legal. Pero la autorización estatal no genera automáticamente confianza pública.

Los primeros meses del mercado representaban una oportunidad para explicar las diferencias entre los operadores autorizados y los ilegales, los impuestos que paga la industria, las inversiones y el empleo que genera, los controles exigidos y las medidas de protección para menores y consumidores vulnerables.

Según Iusim, la comunicación del sector se concentró considerablemente en marcas, cuotas, bonos, patrocinios, influencers, fútbol y adquisición de clientes. Aunque estas actividades forman parte del negocio, considera que faltó equilibrio para explicar a la sociedad por qué un mercado regulado puede ofrecer mayores garantías que uno clandestino.

La industria consiguió visibilidad, pero eso no necesariamente se tradujo en legitimidad social. Para el autor, construir esa confianza debe ser un trabajo permanente.

2. El Juego Responsable debe ir más allá de la comunicación

Iusim identifica el Juego Responsable como una de las principales oportunidades de mejora. En su opinión, no basta con incluir mensajes como «Juega responsablemente» al final de una publicidad.

Al tratarse de una actividad digital, las plataformas generan datos sobre depósitos, apuestas, sesiones y cambios en los patrones de comportamiento. Esta información puede contribuir a identificar señales de riesgo y orientar medidas preventivas.

El autor señala que la regulación brasileña ya contemplaba obligaciones relacionadas con la identificación de perfiles de riesgo y el monitoreo del comportamiento de los usuarios. Sin embargo, considera que la implementación de estos mecanismos no alcanzó el mismo nivel de madurez en todo el mercado y que la capacidad de fiscalización fue insuficiente para garantizar prácticas consistentes.

Por ello, plantea que los reguladores deben evaluar no solo si los operadores cuentan con sistemas de monitoreo, sino también cómo funcionan, qué señales identifican, qué intervenciones activan y qué resultados generan.

Desde esta perspectiva, el Juego Responsable no debería limitarse a un requisito de cumplimiento, sino traducirse en medidas verificables y resultados medibles.

3. El monitoreo debe considerar al jugador más allá de una plataforma

El monitoreo individual también tiene limitaciones: cada operador observa principalmente la actividad que ocurre dentro de su propia plataforma.

Según Iusim, una persona puede presentar señales de bajo riesgo cuando se analiza su comportamiento en cada operador por separado, aunque una visión conjunta revele cambios importantes en sus hábitos de juego.

Por ejemplo, los depósitos pueden aumentar en una plataforma, mientras que en otra se observan intentos de recuperar pérdidas y, en una tercera, un incremento de la actividad durante la madrugada.

Para el autor, una posible evolución de los sistemas de protección consiste en incorporar monitoreo comportamental en tiempo real y evaluar modelos centralizados que permitan reconocer patrones entre distintos operadores regulados, siempre que la legislación y las normas de protección de datos lo permitan.

El objetivo, precisa, no sería diagnosticar a los usuarios ni bloquearlos automáticamente, sino detectar señales tempranas que faciliten intervenciones proporcionales antes de que una conducta de riesgo se agrave.

4. La autoexclusión centralizada debe complementarse con la prevención temprana

Otro de los puntos que destaca Iusim es la autoexclusión centralizada. Según su análisis, esta herramienta llegó a Brasil casi once meses después de la apertura del mercado regulado, lo que permitió que una persona que se autoexcluía de una plataforma pudiera seguir jugando en otras.

El autor considera que este mecanismo debió formar parte de la infraestructura de protección desde el inicio. No obstante, también advierte que la autoexclusión y el monitoreo comportamental cumplen funciones diferentes.

Mientras la autoexclusión permite que una persona decida detener su actividad, el monitoreo busca identificar señales de riesgo con anticipación.

Por ello, propone combinar ambas herramientas como capas complementarias de protección al jugador.

Una regulación moderna necesita fiscalización y evolución

La experiencia brasileña, sostiene Iusim, demuestra que un marco normativo moderno puede enfrentar dificultades cuando su implementación y fiscalización no avanzan al mismo ritmo.

La supervisión efectiva requiere datos, tecnología, equipos especializados, auditorías y evidencia que permita comprobar si las medidas exigidas funcionan. No se trata necesariamente de crear más reglas, sino de desarrollar la capacidad para evaluar su cumplimiento y sus resultados.

El autor también considera que la industria debe ir más allá del cumplimiento formal y demostrar que comprende los riesgos asociados a sus productos y que utiliza información y tecnología para mitigarlos.

¿Qué pueden aprender Perú y América Latina?

Para Iusim, los mercados latinoamericanos tienen la oportunidad de incorporar estas lecciones desde las primeras etapas de sus respectivos marcos regulatorios.

Entre sus principales recomendaciones están construir legitimidad social desde el inicio, explicar las diferencias entre el mercado legal y el ilegal, situar el Juego Responsable en el centro de la estrategia, implementar sistemas de monitoreo comportamental medibles y fiscalizables, y contemplar la autoexclusión centralizada como parte de la infraestructura de protección.

También destaca la importancia de que los reguladores y operadores utilicen datos para evaluar la eficacia de sus políticas.

Brasil construyó una regulación moderna, reconoce el autor, pero su experiencia pone de relieve que establecer las reglas es solo el primer paso. El desafío posterior consiste en proteger al jugador, fiscalizar, medir resultados, aprender y construir confianza.

En definitiva, una licencia regulatoria permite operar. La legitimidad social, concluye Iusim, es fundamental para que la industria pueda sostenerse en el tiempo.

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